ELENA. G. SEVILLANO EN EL PAIS del 24/03/14

Olas de calor, sequías, ciclones, inundaciones… El año 2013 ha sido un buen ejemplo de cómo los fenómenos meteorológicos extremos impactan en comunidades y regiones enteras. El tifón Haiyan arrasó zonas del centro de Filipinas, Oklahoma (EE UU) sufrió el mayor tornado jamás observado, nevadas sin precedentes azotaron Israel, Jordania y Siria. La declaración anual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del Cambio_Climatico_Espanaclima mundial, presentada ayer en Ginebra, alerta de que se acentúan los episodios climáticos extremos e insiste: la influencia de la actividad humana sobre el clima explica algunos de los cambios que se están observando.

La tendencia al calentamiento mundial a largo plazo sigue plasmándose en las estadísticas. El 2013 ha sido, junto con 2007, el año más cálido desde que se tienen registros. Pero, además, según destaca el informe de la OMM, 13 de los 14 años más cálidos se han producido en el siglo XXI. Cada uno de los tres últimos decenios ha sido más cálido que el anterior (el récord lo tiene 2001-2010). El promedio de la temperatura registrada en la tierra y en la superficie de los océanos fue el año pasado de 14,5 grados centígrados, es decir, aumentó en medio grado respecto a la media de los años sesenta, setenta y ochenta. Datos que se traducen en récords: Australia registró el año más caluroso de la historia; Argentina, el segundo.

¿Pueden todos o parte de estos fenómenos atribuirse al calentamiento global? Jessica Blunden, científica de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y una de las autoras del estudio, señala que “siempre ha habido, y siempre habrá, fenómenos meteorológicos y climáticos extremos y variaciones naturales debidas a factores como El Niño o La Niña”, pero recuerda que el Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) dijo en septiembre que el calentamiento es “inequívoco” y que “la influencia humana está clara”.

“Vemos muchos casos en los que los episodios extremos se producen tal y como los científicos habían proyectado en función del cambio climático”, explica Blunden por correo electrónico. “Por ejemplo, en distintas zonas por todo el mundo se han predicho olas de calor más extremas, chubascos copiosos y sequías más intensas, y ahora estamos viendo que esos fenómenos ocurren. Por desgracia, no es tarea fácil analizarlos en cuanto suceden y atribuirlos, o no, al cambio climático”, añade. Para explicarlo, Blunden alude a un estudio que incorpora el informe de la OMM acerca de las temperaturas récord registradas en Australia en 2013.

El trabajo, realizado por científicos de la Universidad de Melbourne (Australia), utilizó nueve modelos climáticos para estudiar si los cambios en la probabilidad de que se registraran temperaturas extremas durante el verano australiano se debían a la influencia humana. Demostraron que el récord de 2013 como año más caluroso “hubiera sido prácticamente imposible sin los gases que retienen el calor de origen humano, lo que demuestra que algunos fenómenos extremos es mucho más probable que se produzcan debido al cambio climático”. En este caso, señala Blunden, “el estudio establece un vínculo directo entre el cambio climático y ese calor sin precedentes”.

También el secretario general de la OMM, Michel Jarraud, precisó ayer durante la presentación del informe que, “muchos de los fenómenos meteorológicos extremos que se produjeron en 2013 se correspondían con las consecuencias que se esperaban que tuviera el cambio climático provocado por la actividad humana”. Ejemplos: “Precipitaciones más fuertes, un calor más intenso y un mayor número de daños causados por mareas de tempestad e inundaciones costeras como resultado del aumento del nivel del mar”. El tifón Haiyan sería el mejor ejemplo de ello, añadió.

Manuel de Castro, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha y uno de los autores españoles del informe del IPCC, asegura que hay algunos fenómenos extremos que se relacionan con mayor seguridad con el cambio climático, “sobre todo cuando hablamos de olas de calor, puesto que se tiene evidencia clara de que hay una tendencia creciente”, señala. En otros episodios, como lluvias torrenciales o ciclones tropicales, “hay menos evidencia, aunque eso no quiere decir que no se puedan achacar al calentamiento global”. “Es una explicación plausible pero no se puede asegurar al cien por cien hasta que no tengamos más evidencia”, añade.

Con un escenario así, los sistemas de predicción meteorológica serán esenciales, asegura Blunden. “Especialmente por el crecimiento de megaciudades muy pobladas, generalmente situadas en zonas costeras vulnerables a ciclones, crecidas e inundaciones”. Y añade: “Gracias a las predicciones, India pudo evacuar a cerca de un millón de personas antes del ciclón tropical Phailin, y redujo enormemente la pérdida de vidas”.

 

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